Manos Negras un tanto desquiciadas

Y finalmente aterrizamos en Mendoza. Después de un vuelo tranquilo, la ciudad nos recibió con un día ideal para recorrer bodegas, así que… ¿por qué no aprovecharlo, no? Rápidamente nos hicimos del auto que habíamos alquilado previamente, una pasada rápida por el hotel para dejar las valijas y a la ruta, que la vida es un ratito (como dice Joe) y hay que aprovecharla.

Lo primero es lo primero: antes de subir a la ruta 40 necesitábamos hacer base con algo, y ahí nos dimos cuenta que lo único que le falta a Mendoza para ser la ciudad perfecta es… MÁS PANADERÍAS. ¡Lo que nos costó encontrar una! Pero no podíamos encarar lo siguiente sin esas famosas tortitas, así que después de buscar un buen rato dimos con una, compramos las tortitas y continuamos viaje hacia nuestro primer destino, la bodega Manos Negras, ubicada a tan sólo 30 kilómetros del centro de la ciudad, en el departamento de Maipú, cerquita de las barrancas del río Mendoza.

La bodega

Manos Negras es la bodega del Colo Sejanovich y Jeff Mausbach. El nombre es un homenaje a esos verdaderos hacedores de vinos que se ensucian las manos trabajando. Manos negras de vino. Desde afuera, la bodega impresiona por su prolijidad y su diseño pensado para facilitar el proceso de elaboración de los vinos. Junto a la nave central se encuentra el laboratorio y de sólo ver las pipetas y los tubos de ensayo dan ganas de estar ahí en el momento en que van probando las distintas micro vinificaciones (el Colo es un especialista en eso) hasta dar con lo que realmente esperan de sus vinos. Allí elaboran todo su portfolio: Manos Negras, Tinto Negro, Zaha, Teho y Estancia Uspallata, así como también la crianza y el fraccionamiento de los vinos que elaboran en Salta, Río Negro y Neuquén.

Pero claro, el Colo y Jeff no están solos. Cuentan con un equipo de primera línea comandado por Gonzalo Tamagnini en la parte enológica y Martín Sesto en la gestión de la bodega. ¿Te suenan? ¡Claro que sí! Además de trabajar para esta dupla infernal, Martín y Gonzalo son socios y dueños de Desquiciado Wines.

Y hasta allí llegamos esa primera mañana con el viento Zonda en la frente. Golpeamos las manos, se abrió el portón de entrada y ahí estaban Gonza y Tincho esperándonos con el fueguito prendido para lo que sería el asado del mediodía. Luego de los saludos, abrazos y bromas de rigor, Gonzalo repartió las copas, y manguerita en mano entramos a la nave principal de la bodega a degustar las novedades que están elaborando para lanzar muy pronto al mercado.

A probar vinos de tanques…

Comenzamos por los tanques de acero inoxidable y la primera escala incluyó dos pinot noir rionegrinos: el Manos Negras Red Soil Pinot Noir 2017 que es todo frutilla y textura y el Manos Negras Artesano Pinot Noir 2017 menos expresivo en nariz pero más explosivo en boca. Ambos para agendar.

Segunda escala, garnachas. Primero con el Desquiciado Garnacha 2018 (el jabalí), elaborado con uvas de Gualtallary, más refinada que la primera añada sin perder ese costado salvaje que tan bien le sienta. Luego, Estancia Los Cardones Tigerstone Garnacha 2018. ¿Qué puedo decir de este vino que no haya dicho en esta nota? Sólo un comentario respecto de la cosecha de este año y es que LA ROMPE. Se va asentando y cada vez me gusta más. Vale aclarar que los vinos de Estancia Los Cardones se elaboran en la bodega de Tolombón (Salta) y se envían aquí para finalizar todo el proceso.

Antes de dejar Salta y para cerrar la gira por los tanques probamos el nuevo Estancia Los Cardones Cabernet Sauvignon 2018. Diferente a todo, mantiene el ADN de los cabernet salteños pero con una elegancia sutil y armoniosa. Un verdadero gentlemen.

… y de barricas también

La segunda etapa fue todo de barricas y aquí hago un paréntesis para meter una composición de lugar: Recién llegados a Mendoza, Chachingo, la bodega del Colo, con Gonza y Tincho, ordeñando tanques y barricas como verdaderos desquiciados… lo pienso y no se me ocurre una mejor manera de arrancar el viaje.

Entonces, dijimos segunda etapa, las barricas. Arrancamos con el Estancia Uspallata Pinot Noir 2017. Muy distinto a los otros pinot que probamos. Con más presencia de las notas terrosas y una sutileza en boca que invita a rellenar la copa. Me gustó mucho, imagino que cuando llegue a botella será muy bien recibido por sus seguidores.

De ahí pasamos al Valle de Uco y arrancamos con el Zaha Malbec 2018 y el Zaha Cabernet Franc 2018, ambos del viñedo Toko ubicado en Paraje Altamira. Dos hermosos vinos que mantienen la línea a lo largo de los años. Siguiente escala dos barricas del Tinto Negro Finca La Escuela Malbec 2018, una ya con el blend de los suelos y la otra que contenía sólo el de la arena. Es increíble lo que viene La Arena! Otro para agendar.

Ahí nomás pasamos a la nueva bomba  Desquiciado Cabernet Franc 2018 (el Elefante) que tiene un 15% de Petit Verdot. Si bien el corte es similar a su hermano el Oso, en éste se trabajaron distinto las micro vinificaciones, incluyendo en algunas racimos enteros logrando con esto una mayor potencia en boca… en fin, más potencia, más estructura y más complejidad sin perder ni un poquito de la fruta que caracteriza a todos los Desquiciado.

Pedimos cosas nuevas que tal vez ni salgan y de la nada apareció un Tannat salteño que era puro músculo y agarre que, ni bien le domen los taninos, seguramente será un “muscle car” americano. ¿Más todavía? Un naranjo (si, también tienen un naranjo) que si el Colo se distrae estos pillos se lo llevan para Desquiciado. ¡Y cómo olvidarme del fortificado de tres añadas diferentes que elaboraron junto con Marco Niepoort!

¿Hay más??? BASTA.

PAUSA

A esa altura todo era una fiesta. Gonzalo ya estaba encarando como un desaforado con la manguerita para unas damajuanas (?) cuando el parrillero avisó que ya estaba listo el asado. Pausa. Tanto vino pedía carne y no íbamos a dejarlo con las ganas.

En la mesa nos esperaban más sorpresas: un Anko Malbec 2015, el de la línea bien #TobaraWines… ¡que estaba buenísimo! Te hace repensar eso de los vinos baratos y la guarda. Tanto que llegué a Buenos Aires y corrí a fijarme si me quedaba alguno (lamentablemente, no).

Un Desquiciado El Corte 2017, un blend de Malbec y Syrah cofermentados que luego se unen a un blend de Cabernet Franc y Petit Verdot también cofermentados. Un vino elegante, muy bien logrado, posicionado varios escalones arriba de sus hermanos menores.

Lo mismo me pasó con el Desquiciado Cabernet Franc 2016, de nuevo volvimos al Elefante pero ya embotellado y listo para salir a la calle. Si te gustan los vinos con más presencia en boca vale la pena reservarse una cajita.

El cierre fue a pura burbuja: El Teho Remuage Nature y el Estancia Uspallata Brut Nature, ambos elaborados mediante el método champenoise (a lo criollo, como un champán), el primero con pinot noir y chardonnay de Gualtallary y el segundo 100% pinot noir de Uspallata. Frac y galera para los dos.

La siesta

El Zonda (no el vino ni el asado… el Zonda) te aplaca, te tira para abajo, reduce las energías al mínimo. Para la sobremesa ya se sentía esa pesadez en el cuerpo que invita a la siesta. ¿Dónde tirarse? ¿En el auto? ¿Los cinco??? Ni locos.

Nos despedimos de Gonza, Tincho y el resto de los muchachos de la bodega, subimos al auto y empezamos a manejar sin rumbo fijo. Yo recordaba haber visto un parque en el camino de ida, así que todos íbamos atentos tratando de encontrarlo. Nos perdimos, pasamos por lugares que ya habíamos pasado hasta que de repente el paisaje se tornó familiar: ¡Estábamos en la Loma de Chachingo! No muy lejos de ahí tenía que estar  un restaurante hermoso, tal vez el mejor de todo Mendoza: Casa Vigil… ¿Te suena? ¡Claro que sí! Pusimos Google Maps y llegamos a la Casa del Enemigo. Entramos, pedimos permiso para instalarnos en los sillones del parque a la sombra y nos propusimos disfrutar de esa hermosa tarde mendocina.

Al toque se acercó un mozo para ofrecernos una copa de Gran Enemigo Single Vineyard Chacayes Cabernet Franc 2013 que no pudimos rechazar y más tarde pasó uno de los guías para invitarnos a realizar el recorrido turístico. Nos miramos y dijimos ¿por qué no?

Casa Vigil es un lugar único, imperdible, visita obligada para cualquier amante del vino. Ya pronto les contaré más en otra nota. Terminamos la recorrida y ya el sol empezaba a caer en la montaña. Era la hora de emprender el regreso al hotel, una horita de descanso, ducha y a cenar con amigos.

Pero esa, ya es otra historia.

Continuará…

Enófilo aficionado que escribe sobre vinos. Bueno, en realidad me los tomo y después escribo. Beber para disfrutar, disfrutar para aprender, aprender para comunicar.
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