Amigos

Mendoza es tierra de amigos. La amistad es un valor que se celebra, se cuida, se vivencia. Los amigos se ven, se visitan, te reciben y te agasajan. Ir a Mendoza, para mí, es ir a visitar amigos.

Llegó la noche de ese agitado primer día y ya con las energías renovadas gracias a una mini siesta y una buena ducha, este grupo de amigos de viaje por tierras mendocinas volvió a subirse al auto para cenar con… amigos.

Recuerdo que, estando en Buenos Aires en pleno armado del viaje, me llama el Flaco Gabrielli para preguntarme si necesitábamos algo. Y mientras repasábamos juntos el itinerario me pregunta: “¿Y dónde van a cenar?”. “No tenemos nada previsto, supongo que por ahí”, le respondí. “Pero no, estás loco, le aviso a los muchachos y vamos a cenar a Casa Vigil Palmares”. Así es el flaco, no te deja a gamba NUNCA.

Alta cocina en un shopping

Entonces, lugar del encuentro: Casa Vigil Palmares. Sentí un pequeño dejà vu, ya que el cierre del viaje anterior fue en el mismo lugar, tomando unas cervezas al atardecer mientras esperábamos que se hiciera la hora del vuelo. En aquel momento, Casa Vigil Palmares era un pequeño y bonito restaurante con pocas mesas, una gran variedad de vinos y una hermosa barra para tomar vinos por copa, buenas cervezas y picar algo.

Un año después, me sorprendió el crecimiento que ha tenido el lugar. La barra continúa estando pero es más grande, con un montón de bebidas detrás para preparar tragos y una de esas máquinas especiales para servir vinos por copa. El pequeño salón ahora es mucho más amplio, con cómodas mesas y buen espacio entre ellas para poder conversar tranquilamente. Y la oferta de vinos es, sin dudas, una de las más grandes que he visto en gastronomía.

Parece mentira que semejante restaurante de ese nivel esté dentro de un shopping.

La banda

Llegamos y nos estaban esperando los amigos: el Flaco Gabrielli, amiguero, eléctrico, artífice de esa cena y responsable de los vinos y espumantes El Relator Wines. El Negro Hudson, un gran contador de chistes y creador de “El Negro Que No Es Blanco”. Y Pepe Reginato, socio del flaco en El Relator y responsable de Chamán y Reginato junto con su hermano Luis. Pepe no sólo es el tipo que más sabe de espumantes en Argentina, sino que además, es el tipo más divertido de esta industria y eso sería muy importante para lo que nos esperaba esa noche.

El flaco había organizado para nosotros una cena por pasos en la que cada uno de ellos maridaba con los vinos y espumantes del Relator. Más algunas perlitas de yapa, por supuesto…

Comer, beber, reir…

Mientras esperábamos el primer plato descorchamos la nueva joya El Relator Extra Brut Malbec Rosé elaborado según el método charmat. Piletero, fluido y refrescante, busca hacerte feliz a pura burbuja y a un precio irrisorio para estos tiempos. Ya me pedí dos cajas.

Un paso

El primer paso que salió de la cocina del cheff Mario Esteche fueron unas geishas de salmón curado con queso Philadelphia e hinojo sobre una salsa de ají amarillo, limas y alcaparras. Tremendo plato que se llevó los primeros aplausos. Junto con el plato llegó El Relator Zaino Viejo Syrah 2008, una locura de esas que sólo Pepe puede hacer, uvas de Agrelo y degollado sólo por pedido, un espumante complejo y sofisticado, de esos que te dejan pensando un buen rato.

Antes del siguiente paso llegó un clásico: El Relator Sauvignon Blanc 2018, también elaborado con uvas de Agrelo, muy expresivo con toda la tipicidad en nariz y muy fluido en boca, con una acidez refrescante que te invita a seguir tomándolo casi sin pausa. Un blanco con una gran relación precio calidad ideal para acompañar, por ejemplo, un pescadito de río.

Dos pasos

El Negro Hudson ya había tirado como diez chistes y Pepe todavía no había arrancado cuando llegó el segundo paso: un caracú con gremolata como para comer con cucharita y untarlo en tostadas. Nunca se me hubiera ocurrido comerlo así, me sorprendió gratamente.

Claro que no llegó solo: vino acompañado por uno de esos vinos que no sólo me encanta sino que además le tengo un gran cariño: el Chaman Red Blend 2012. Un vino elaborado por Luis y Pepe Reginato que forma parte de este pequeño pero exitoso proyecto familiar que representa el amor de estos hermanos por su padre (el Chaman). Es un blend de Petit Verdot, Malbec, Cabernet Sauvignon y Cabernet Franc, los dos primeros de la finca familiar de La Consulta y los otros dos de la de Ugarteche. Sedoso, sumamente elegante y con un largo final.

Tres pasos

Ya entonados y con ganas de más, llegó una bondiola ahumada con vegetales asados sobre una salsa romesco que se deshacía con el tenedor y que era una explosión de sabores en la boca. Ideal para El Relator Gran Premio 2014. Un blend de malbec y tempranillo sofisticado, multicapas, de buen cuerpo y elegancia. Un vino que va expresándose de manera diferente a medida que pasa el tiempo en la copa, ideal para disfrutarlo lentamente. Nunca me canso de tomar este vino.

Ahora si, panza llena, corazón contento y Pepe ya le había sacado ventaja al Negro con dos cuentos que fueron para llorar de la risa, de esos que siempre te quedás con la duda si son hechos verídicos o no… todo puede ser posible con Pepe.

Arrancamos la sobremesa y aparecieron las yapas: La primera fue un vino de la casa: El Enemigo Bonarda 2014, pura fruta, equilibrado, con la madera totalmente integrada. Hermoso bonarda de Alejandro Vigil.

Ahí nomás el Negro Hudson aprovechó una pausa de Pepe para meter su vino personal:  El Negro Que no Es Blanco Blend 2014. Una bomba elaborada por Marcelo Pelleriti que pide habano y chimenea. No me pidan la composición del blend porque el Negro escondió la fórmula en una caja de seguridad de un banco en Suiza, pero si te gustan los vinos bien power y lo ves por ahí, ni lo dudes.

Cuatro pasos

Llegó el momento del postre, un layer de chocolate que maridamos con una de esas joyitas que sólo se consiguen en Casa Vigil: El Enemigo Single Vineyard Los Paraísos Bonarda 2014. Este vino forma parte de una línea de cuatro bonardas provenientes cada una de cuatro viñedos distintos (de ahí el concepto de single vineyard = viñedo único) que se llaman Los Paraísos, El Mirador, La Esperanza y El Barranco. Tomamos el Los Paraísos y me voló la cabeza. Muy floral en nariz y una boca amable, con la textura justa aportada por unos taninos finos y una buena acidez que lo sostiene hasta su largo final.  Difícil de conseguir, pero vale la pena (y no es caro).

Despedida

Ya casi no quedaba gente en el restaurante, las risas rebotaban en el salón vacío, la madrugada del martes daba sus primeros pasos y el mozo, siempre bien predispuesto, disimulaba los bostezos. Era hora de ir dándole un cierre a esa gran celebración de la amistad y Pepe sacó el último As de la manga: un Reginato Celestina Pinot Grigio 2014, la burbuja perfecta para refrescarnos después de semejante atracón.

Si me apurás un poco te digo que todo lo que tomamos estuvo buenísimo, pero la apertura con el rosado de malbec y este cierre con el pinot gris fueron los momentos más altos de la noche.

Los abrazos de despedida confirmaban lo bien que la pasamos y auguraban futuros encuentros. Mendoza siempre te abraza, te acuna y te arropa para que duermas bien. Al día siguiente bien temprano nos esperaba un paseo por las nubes. Pero esa, ES OTRA HISTORIA.

Continuará…

Enófilo aficionado que escribe sobre vinos. Bueno, en realidad me los tomo y después escribo. Beber para disfrutar, disfrutar para aprender, aprender para comunicar.
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