Ángeles de felicidad

Amanece en Mendoza. Desde la ventana de la habitación puedo ver como el sol comienza lentamente a iluminar primero los nevadas cumbres del Cordón del Plata y luego el resto de la montaña. Es tiempo de desayunar, la aventura debe continuar.

No importa donde estás,
Si vienes o si vas,
La vida es un camino,
Un camino para andar.

“Amigos” – Enanitos Verdes – 1992

¿Será que esta canción nació en una ruta hacia algún lugar, no importa cuál, pero compartida con amigos? Es muy probable que estos mendocinos que le pusieron música a mi adolescencia hayan recorrido los mismos caminos, disfrutando del viaje y celebrando la amistad. De ser así, no me caben dudas que esta canción nació en un auto rumbo a alguna parte.

Así estaban las cosas esa mañana, nuevamente en el camino rumbo a una de las bodegas más hermosas que visitaríamos en este viaje. Tal vez sea por su lucha romántica contra el avance de la urbanización, tal vez por su olivares entremezclados entre las viejas hileras de malbec, o tal vez porque es un pequeño Edén sin frutas prohibidas.

Nuestro destino hoy, Viña 1924 De Ángeles: una bodega familiar ubicada en Vistalba, Luján de Cuyo, a 25 kilómetros al sur de la ciudad de Mendoza.

Resistiendo a la urbanización

Si bien Vistalba fue una de las primeras regiones vitivinícolas de Mendoza, lugar elegido por los italianos que llegaron con sus conocimientos y ganas de trabajar la tierra a principios del siglo XX, hoy la urbanización le ganó la pulseada a los viñedos y De Ángeles es una de las pocas viñas centenarias que aún quedan en la zona.

Triste pero real, el valor de la tierra urbanizada es mucho mayor que la cultivada. Rodeada de barrios privados, De Ángeles es un centenario viñedo de seis hectáreas de malbec y cabernet sauvignon que resiste, podría decirse de manera romántica y rebelde, el avance de la urbanización.

Viña centenaria de malbec.

Una historia familiar

Llegamos a la hora pautada y nos estaban esperando Guillermo Barbier dueño de la bodega, y el Pelado Juan Manuel Gonzalez, responsable enológico y como tal “culpable” de sus ricos vinos. A lo lejos se veía una mesa armada en un hermoso corredor con vista al viñedo y más allá el fuego calentaba la parrilla anunciando lo que sería un día de gloria.

Brotes de Malbec

Guillermo es un tipo tranquilo, amable, de esos que tienen claro que no hace falta correr para llegar mientras se tenga en claro la meta. De formación ingeniero, ni bien se recibió comenzó a trabajar en la finca familiar que su padre había comprado en la década del 60 y de él aprendió el oficio de viticultor.

En ese entonces, Viña 1924 vendía el 100% de su producción a varias bodegas. Guillermo ya tenía en su cabeza comenzar a elaborar sus propios vinos, así que en 2006 construye la bodega, conoce al Pelado Gonzalez y le propone hacerse cargo de la enología de su proyecto. Así nació De Ángeles.

La primera etiqueta fue el Malbec De Ángeles 2007, un vino que desde su nacimiento mantiene una fuerte impronta del lugar, con la fruta bien presente y un buen uso de la madera. Ese mismo año también elaboraron el Gran Malbec y luego fueron llegando el Gran Cabernet Sauvignon, el Gran Corte y el Cabernet Sauvignon Sin Roble. En breve se sumarán un Semillón y una muy interesante propuesta de cuatro etiquetas de diferentes parcelas de malbec. Estas etiquetas más su ya reconocido aceite de oliva, conforman la totalidad del portfolio de la bodega.

La bodega

Hacia allí fuimos, a probar directamente de los tanques lo que actualmente está en elaboración. Ya con vino en la copa, el Pelado y Guillermo nos contaron que realizan la selección de las uvas directamente en el viñedo. La elaboración es en tanques de acero inoxidable y la crianza en barricas de distintos usos a excepción del cabernet sauvignon sin roble que pasa directamente de los tanques al fraccionamiento en botella.

El tiempo en barrica también difiere según cuál sea el vino a elaborar y todos sin excepción tienen un mínimo de dos años de estiba en botella antes de salir al mercado.

A la mesa

La parrilla estaba a pleno y el aroma a carne asada invitaba a acercarse a la mesa. Una picada de fiambres de la región y un pan casero nos esperaban junto con los ricos aceites de oliva de la bodega. Eso nos dio pie para preguntarle a Guillermo la razón por la cual había olivares entre las hileras de vid. La respuesta fue simple: así lo habían determinado los tanos que los plantaron hace más de cien años y así debía ser. En aquel entonces los olivares representaban una fuente extra de ingresos por metro cuadrado, además de proporcionarle sombra al viñedo. Hoy funciona más como respeto a la historia y sabiduría de aquellos pioneros.

Además, los tiempos de cosecha de la vid y los olivares son similares, por lo que en plena vendimia las mismas cuadrillas que recogen a mano el malbec y el cabernet sauvignon hacen lo propio con las olivas.

En mi imaginación vi esto como una ventaja para el cosechador: de tanto andar agachado recogiendo uva, erguirse de vez en cuando para cosechar aceitunas seguramente era un gran alivio para la cintura.

Los vinos

Mientras mi cabeza volaba entre esos pensamientos el Pelado servía el primer vino: el De Ángeles Malbec 2014. Si bien es el malbec “de abajo”, me encanta ese vino. La expresión de la fruta tanto en nariz como en boca, las notas ahumadas aportadas por la madera y su fluidez hacen que sea un placer cada vez que lo tengo en la copa.

Las rondas de carnes asadas eran incesantes y pedían vino, así que el próximo en descorcharse fue el Gran Malbec De Ángeles 2014. Un vino perfecto: complejo en nariz, liberando distintas capas aromáticas a medida que se va abriendo en la copa, y muy expresivo en boca, con la fruta en un rol protagónico y la madera aportándole elegancia y profundidad. Un vino destinado a ser uno de los mejores exponentes de nuestra cepa insignia.

El aplauso para el asador trajo consigo el Gran Cabernet Sauvignon De Ángeles 2014. Otro gran vino. La primera impresión en nariz es ese morrón asado muy bien integrado con las notas de crianza en barrica. En boca es potente, redondo y largo. Claramente es un vino que se lleva muy bien con un buen costillar. A pesar de ser muy joven está perfecto para tomarlo ya mismo y también para guardarlo por varios años. Un fuera de serie.

La charla se prolongaba y fue el tiempo de descorchar el De Ángeles Cabernet Sauvignon Sin Roble 2016. Si los anteriores eran pura fruta, ¡imaginate éste que de los tanques pasó directamente a botella! Nuevamente el morrón, la pimienta, la uva crujiente y fresca. Mantiene una acidez hermosa que le da vida y frescura. Un vino con la misma columna vertebral pero bien diferente al resto. Para beber de a litros.

Lo nuevo: Parcelas

Llegó el tiempo de los nuevos proyectos y el futuro de la bodega. Si bien uva es lo que sobra (venden más del 50% de lo que cosechan) y que venden el 45% lo que producen en el exterior, Guillermo es cauto a la hora de incrementar la producción: lo hace a medida que sube la demanda y no al revés, como ocurre habitualmente.

Dentro de los nuevos proyectos, están trabajando en uno muy interesante que tiene que ver con reflejar la expresión de su malbec según los cuatro suelos que conviven en la viña: grava, piedra, limo y arena.

Estas diferencias en el suelo se ven reflejadas también en la maduración y el punto de cosecha del malbec. Por eso este año seleccionaron una fecha de cosecha que fuera un punto medio entre el mejor punto de cosecha de los cuatro y cosecharon una parte de cada una de esas cuatro parcelas al mismo tiempo, lo vinificaron por separado y obtuvieron cuatro malbecs de parcela que saldrán a la venta antes de fin de año.

Tuvimos la suerte de probar el limo y la arena y debo decir que vale la pena la espera: son vinos que volverán locos a los nerds del vino y para el resto también será una muy interesante forma de aprender.

Fin de fiesta

La tranquilidad de la siesta era interrumpida de vez en cuando por algunos pájaros que cantaban celebrando vaya a saber qué, pero claramente eran cantos de felicidad. Esa misma felicidad como la que nosotros experimentábamos sentados mansamente en ese corredor, copa en mano mientras el sol se acercaba cada más al crepúsculo en la montaña.

Aunque no lo quisiéramos, era hora de partir. La despedida vino acompañada de promesas de reencuentro que serán cumplidas como buenos caballeros que cumplen con lo que prometen.

Otra vez el camino. Suenan Los Enanitos Verdes cantando “porque siempre estarán en mí esos buenos momentos que pasamos sin saber” y pienso que estos pibes seguramente compusieron sus canciones en lugares como éste. Lugares de Ángeles de felicidad, de amistades nuevas y momentos inolvidables.

Continuará…

Enófilo aficionado que escribe sobre vinos. Bueno, en realidad me los tomo y después escribo. Beber para disfrutar, disfrutar para aprender, aprender para comunicar.
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