Esta nota es para mí

Esta nota es para mí, para mi memoria, para releerla mil veces y recordar por siempre este viaje en el tiempo. Su único fin es, justamente, dejar testimonio y atesorar aquel día en el que la historia me dio una bofetada de emociones que me llegó al corazón. Pero también es para vos, porque tal vez leyéndola también te genere algo similar a lo que yo sentí.

Y es que gracias a la generosidad de Vinoteca Mr Wines (y al uso del Coravin) pude degustar una reliquia que forma parte de la historia de la vitivinicultura mundial. ¿Parece poca cosa? Seguí leyendo y vas a ver que no lo es.

En el año en que Chateau Latour elaboró este Grand Vin, mi viejo tenía 6 años y ayudaba a mi abuelo a cosechar tomates y zapallos en la chacra de Las Flores. Hoy, 64 años después, este vino está tan vivo que emociona.

A ver, no estamos hablando de cualquier vino… Es un Grand Vin de Chateau Latour Premier Grand Cru Classe de 1955!!! Con este vino pero unos años más joven (1971), en la entrañable Ratatouille el chef Skinner intentó emborrachar al pobre Lingüini para sonsacarle cómo es que aprendió a cocinar tan rápido. También tuvo su aparición en Los Simpsons cuando Moe le sirve a Homero un vaso de un 1886 sin saber el valor que tenía. Y es el vino, en este caso un 1957, con el que Val Kilmer busca impresionar a Elizabeth Shue en la película El Santo.

Chateau Latour es una finca de 78 hectáreas ubicada en el corazón de Médoc, dentro de la región de Burdeos. Sus viñedos están compuestos mayoritariamente por cabernet sauvignon, algo de merlot y muy poco de cabernet franc y petit verdot. El Grand Vin es un blend de 75% cabernet sauvignon, 20% merlot y el resto se reparte entre el cabernet franc y el petit verdot. Actualmente, además de este premier cru, Chateau Latour produce otros dos vinos: Les Forts de Latour y Pauillac.

El Grand Vin de Chateau Latour es uno de los vinos más prestigiosos del mundo. Su historia se remonta a 1331. Su fama comienza a volar a fines del siglo XVII cuando el castillo y sus viñedos pasa a manos de Alexandre Segur y de su hijo Nicolas Alexandre, quien tiempo después sería llamado «El príncipe de los viñedos» por el mismísimo rey Luis XV. En 1855 logra la clasificación de Premier Cru. La familia Segur continuó siendo dueña de Chateau Latour hasta 1962, año en que vendió la mayoría de las acciones a grupos inversores.

Beberlo es una experiencia inolvidable. El paso del tiempo ha dejado atrás la fruta para darle una impronta más mineral (si se me permite la expresión). Sus aromas a frutos secos, almendras y otras sensaciones que me cuesta describir me remiten a la casa de mi abuela y ese cajón de la cómoda donde guardaba esas mantas de lana tejidas a mano que tanto nos abrigaban en el frío invierno.

En boca, es la gloria misma. Delicado pero con una elegante presencia, fluye velozmente dejando a su paso un sinfin de sensaciones. Al igual que en nariz, la fruta fue dando paso a sabores más terrosos, de hongos de pino y algo de, nuevamente, frutos secos.

Quiero retenerlo en mi memoria por siempre. Quiero volver a beberlo, cerrar los ojos y transportarme en el tiempo a aquel año en que los viñateros de Chateau Latour elaboraban este vino con tanto amor. Y acompañar a mi vieja en su primer día de clases, con el guardapolvo almidonado, el pelo atado firmemente con una vincha blanca y una larga cola y aquella sonrisa que era su marca registrada y que la acompañó hasta el día en que se marchó.

Gracias Musu por compartir este vino conmigo. Gracias Chateau Latour por regalarme ese viaje en el tiempo. Y gracias al vino por las emociones. Salud.

Enófilo amateur y apasionado. Quise hacer un blog de vinos y me salió esto.
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