Dios, el Diablo y el Vino

El vino es una gata mimosa que juega con ellos, los seduce, baila en sus copas y se deja disfrutar por los dos… a la vez. Ellos, embriagados de amor, aceptan con gusto el convite que el vino les ofrece y se sientan en una mesa para hablar de esta pasión que los une y los hermana. Dios, el Diablo y el Vino juntos sin más escenografía que una mesa, dos sillas y quien escribe como testigo.

Dios y el Diablo son, respectivamente, Juan Mayou y Sergio Di Fazio. Dos referentes en el mundillo de los consumidores del vino que a diario realizan un significativo aporte para elevar los alicaídos números del consumo anual per cápita.

En este nuevo escenario de la comunicación digital, tanto Juan como Sergio tienen una fuerte presencia en redes sociales y sus posteos son leídos por una gran cantidad de amantes del vino que los tienen como referentes a la hora de elegir qué vinos tomar.

Como si esto fuera poco, con sus gustos personales Dios y el Diablo representan dos estilos de vinos bien diferenciados y antagónicos. A Juan les gustan los vinos expresivos, elegantes, con gran cuerpo, volumen y peso en boca. Sergio prefiere los vinos austeros, desnudos, secos, lineales y con gran acidez.

Cómo nació el apodo?

Juan: Yo fui a un colegio católico y en segundo año tuvimos que escribir un cuento. Escribí uno que hablaba de que el mundo no existe y que es todo imaginación mía. Por supuesto que eso causó mucho ruido en el colegio y mis compañeros empezaron a decirme que me creía Dios. Después llegó el vino y mi amor por el malbec y quedó entonces Dios Toma Malbec.

Sergio: Un día armamos una cena con amigos en casa y lo invitamos a Pepe Reginato que justo estaba en Buenos Aires. Yo era el encargado de servir los vinos y, según Pepe, tengo un ritmo frenético que hace que nunca esté la copa vacía. Esa noche tomó tanto que me dijo que tomar vino conmigo era más peligroso que hacerlo con el mismísimo Diablo. Y ahí quedó el apodo.

¿Qué representa el vino para ustedes?

Juan: El vino es la familia, los amigos y el placer. Me gusta disfrutar el vino. No me interesa entenderlo, me interesa disfrutarlo.

Sergio: El vino es un hobbie, una pasión, compartir momentos. Después está el juego de abrir un vino y descubrirlo. Pero lo más importante es el compartir.

¿Cómo llegaron al vino y cuál fue el primer vino que los sorprendió?

Juan: Empecé de muy chico tomando vino con mi viejo y de grande seguí mi camino. En el 2009 atravesamos una situación familiar muy jodida y el vino fue como una forma de despejarme tratando de aprender sobre zonas, cepas, etc. Desde entonces no paré. El primer vino que me sorprendió fue el Alfa Crux 2002. Fui a hacer una nota a la bodega y me lo hizo probar Fournier. Me mató. Ahí descubrí que tenía zonas de la boca y sensaciones que no sabía que existían.

Sergio: Más a menos a los 15 empecé a tomar con mi viejo y a medida que me empezó a gustar empecé a comprar por mi cuenta. El primer vino que me voló la cabeza fue un Finca La Anita Malbec 2003 que estaba espectacular. A partir de ahí empecé a recorrer vinotecas buscando cosas que me sorprendieran.

Dispuestos a jugar, Dios y el Diablo trajeron a la mesa vinos acordes al gusto personal de cada uno y contrapuesto al del otro. A la hora de los blancos, el Diablo jugó a los flejes desafiando a Dios a expandir su paladar con uno de los vinos más extremos del mercado: el Montesco Agua de Roca Sauvignon Blanc 2017. Dios recogió el guante y respondió con un gran exponente de la voluptuosidad y el exceso: un Lágrima Canela 2015. Las copas estaban servidas, era tiempo de hablar de vinos.

Montesco Agua de Roca Sauvignon Blanc 2017

Sergio: Lo elegí porque me gustan mucho los blancos ácidos, y en general me gustan los vinos secos. Me dan ganas de tomar más, me hace salivar mucho, es muy fresco. Entiendo que es un vino extremo y que no le gusta al 90% de la gente, pero a mí me encanta. Tomo mucho vino y generalmente no compro más de dos botellas por vino porque me gusta tomar diferente, pero a este vino lo compro por cajas. Así y todo esta añada (2017) tiene más boca y eso lo hace más amable. Me gusta más la 2016.

Juan: Si bien no lo disfruto, entiendo las virtudes que resalta el Diablo y que la gente a la que le gusta busca justamente eso. También hay que reconocer que los vinos blancos argentinos ampliaron su diversidad cuando apareció este tipo de vinos.

Lágrima Canela 2015

Juan: Fue el vino que me introdujo en el vino blanco. Un día Fran (n.d.r Francisco Rivero Segura) me dijo “vamos a tomar vino blanco” y yo decía no, no quiero, no me gustan y me convenció diciéndome que era un tinto blanco. Y es así. Me encantó que tuviera cuerpo, estructura, multicapas, complejo, gordito… es un pan de manteca. Le tengo un cariño especial porque me abrió la puerta a los vinos blancos. Con todo lo que tiene, lo veo un vino ideal para mollejas o chorizos. Y hasta se banca un asado.

Sergio: Me gusta mucho este vino. No es mi estilo, no es un vino que tome mucho y cuando tengo ganas de tomarlo, lo comparto porque no es un vino para terminarlo solo, me cansa. Pero en ciertas ocasiones lo disfruto, creo que es un gran vino.

Mientras desfilaban las achuras y las copas de rellenaban una y otra vez, la charla continuaba por el lado de las preferencias de cada uno:

¿Tienen algún enólogo “fetiche”?

Juan: Mi enólogo fetiche es Ale Vigil, porque el 95% de las cosas que hace me gustan y fue así desde antes de saber que él hacía los vinos que me gustaban. Era decir tal vino me gusta, lo hace él. Y este otro también, y aquel, y aquel otro. Todos. Y cuando lo conocí me meé. Fue como conocer al Bocha (n.d.r Ricardo Bochini, Juan es fanático de Independiente).

Sergio: Hoy por hoy, te diría que David Bonomi y Edy Del Popolo, por PerSé. Son personas como cualquiera de nosotros y me fascina lo que hacen. A partir de la añada 2013 los PerSé me parecieron siempre vinos increíbles. Son perfectos, inexplicables, me emocionan.

Juan: Los PerSé realmente me ponen la piel de gallina. Es la parte emocional de Dios. Existen los vinos perfectos, los vinos maravillosos, los que emocionan y los PerSé son esos vinos que te dan todo.

Sergio: Más allá de mi gusto, creo que PerSé será un vino que a nivel mundial logrará cosas increíbles. Para mí está a nivel de los grandes vinos del mundo.

¿Cuál es hoy tu top 3 de vinos?

Sergio: PerSé La Craie, PerSé Iubileus y Adrianna Vineyard White Bones o White Stones según la añada. En la última, el White Stones 2016. Dejo afuera al PerSé Volare de Flor porque está por encima de cualquier cosa, totalmente fuera de cualquier competencia.

Juan: PerSé Iubileus, República del Malbec, Nicolás Catena y el vino que está fuera de cualquier discusión y que me emociona al punto de si es necesario vender mi casa para comprarlo es el DV Catena Vineyard Designated Nicasia 2003. Creo que es el toque perfecto del Ale.

¿Cuáles son los vinos que más comprás?

Juan: de los Gran Enemigo compro todo lo que puedo. Y después el DV Catena Vineyard Nicasia está dentro del rango de precios que puedo comprar, así que también compro mucho.

Sergio: De los Ver Sacrum, sobre todo los baratos y el Geisha de Jade, y del Montesco Agua de Roca compro todo lo que puedo. Otros dos vinos que me encantan y compro son el Benmarco Expresivo y el A Lisa.

Llegó el momento del asado y los tintos. El Diablo redobló la apuesta y presentó uno de los vinos que más representa su gusto personal: El Zuccardi Concreto Malbec 2017. Dios tragó saliva previendo lo que le esperaba y cantó retruco dispuesto a defender a muerte su estilo con un O’Fournier Malbec 2010. Dos malbec bien antagónicos, casi tanto como ellos mismos.

Zuccardi Concreto Malbec 2017

Sergio: Elegí Concreto porque siento que consolida toda la revolución que se fue dando en el vino argentino. El Concreto fue la punta del cambio rotundo que está teniendo en todas sus líneas Zuccardi, a mi gusto para mejor, con vinos desnudos pero de altísimo nivel.

Desde su lanzamiento, este fue un vino que le gustó a poca gente. Era chocante pasar de un Q o un Z al Concreto, pero a mí me encantó. Me pareció un vino único, de fuerte personalidad y que me da muchas ganas de tomar botellas y botellas.

Hablando de zonas, si hay alguien que está apostando a ello es Seba Zuccardi. Y concretamente de Paraje Altamira, si hay algo que uno pueda identificar como característica es esa fruta roja viva, casi madura y dulce pero que igualmente termina dando vinos secos. Lo mismo que en boca, vinos finos y firmes, con una particular tensión que mantiene la fruta viva de principio a fin. Con cierta intensidad que sobre el final se va apagando de a poco. Todo eso sentí cuando probé por primera vez este vino y me transportó.

Más allá de todo este snobismo, el vino me encanta, me da muchas ganas de tomarlo, y me parece un distinto.

Juan: Me resultó muy difícil de tomar. Es un vino que no está hecho para mi paladar. No me brinda nada y ni siquiera me tienta el necesitar entenderlo. Están quienes lo aman y necesitan y a los que no nos gusta ni un poco.

O’ Fournier Malbec 2010

Juan: El O’ Fournier es un vino increíble. Lo elegí porque es la expresión maravillosa de lo que significa un vino con cuerpo, elegante, aterciopelado y con una complejidad digna del gordo que escribe Games of Thrones. Pero a su vez tiene la acidez necesaria para vivir 20 años esperando al trasnochado que se le ocurre chupárselo, y aún así, dar un infernal vino en copa. Es un vino como Dios manda.

Sergio: El vino me gusta mucho, de hecho lo he comprado más de una vez. Pero no deja de ser un vino cargado y maduro, algo más de lo que preferiría. En general es un tipo de vino que compro para compartir, porque una copa la disfruto mucho. Si me abriera la botella para mí solo me terminaría aburriendo. Acá hablo más de un vino de diseño, que no digo que esté mal ni mucho menos, simplemente me parece menos interesante para “mi enfermedad” por el vino.

La sobremesa era el ámbito ideal para continuar hablando sobre lo que más los une. El vino en la copa hablaba por sí solo, sólo hacía falta saber escuchar.

¿Dónde compran sus vinos?

Juan: Generalmente Compro con amigos en compras directas a bodegas. No tengo tiempo de ir a los lugares pero cuando puedo trato de comprar en vinotecas.

Sergio: 90% en vinotecas. Después si me dicen conseguí tal cosa a tal precio y me interesa, lo aprovecho. La verdad es que voy todo el tiempo a degustaciones en vinotecas y comprar es una manera de retribuir eso.

¿Cuántos vinos tienen en sus casas?

Juan: Estoy pasando un momento muy malo. Estoy en 854 botellas (y lo dice en serio). Estaba llegando a los mil pero no estoy comprando mucho.

Sergio: No llevo ningún registro y tampoco tengo mucho espacio en mi casa, pero calculo que estoy en alrededor de 400 botellas. A pesar de eso, tengo muy buena memoria, sé qué tengo y hasta dónde están ubicados.

¿Qué valoran de nuestra industria del vino y qué quisieran cambiar?

Sergio: Creo que se están haciendo cosas extremas, como el Concreto y el Agua de Roca, que si bien tal vez no sean el rumbo te muestran otra cara del vino y te invitan a explorar nuevos caminos y te amplían el horizonte. Creo que estamos viviendo una revolución del vino que es fantástica con un mundo de vinos diferentes que es espectacular. Desde lo negativo y no es del vino, Argentina en general tiene un contexto impositivo, de logística, etc que hace que el vino sea caro. Espero que las soluciones vayan llegando y que todo vaya decantando para bien.

Juan: Dentro de lo bueno destaco que se están haciendo vinos de extrema calidad, súper elegantes y de clase mundial con mucha diversidad. Como negativo, creo que es esa cosa propia del argentino de quejarnos de todo y que no vemos lo bueno, el crecimiento real que ha tenido la industria sobre todo en la calidad, innovación, enoturismo entre otras. Pero lo peor que tiene la industria es que el vino argentino esté más barato afuera que acá.

Las copas vacías y las botellas en el piso anuncian el final de la noche. Dios y el Diablo, defensores ambos de dos estilos de vinos bien diferentes entre sí, se saludan y vuelven a repartirse el Universo, cada uno en su lugar. De tan opuestos, se complementan. Porque hay algo que los une más allá de cualquier diferencia y es su pasión por el vino. Porque en definitiva, Dios y el Diablo son la misma cosa. SALÚ.

Enófilo amateur y apasionado. Quise hacer un blog de vinos y me salió esto.
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