Como Dios Manda: Arnaldo B Gran Reserva

Memoria emotiva que motiva e inspira. Todo en base a nuestra bebida nacional, porque la vida es eso, simples lindos recuerdos. El resto es la realidad de cosas malas como Racing campeón.

La película Ratatouille de Pixar es maravillosa por donde se la mire, tanto para niños como para grandes; o simplemente para nosotros, los inmaduros de siempre. Creo que el punto más grande y logrado es el momento en el que Ego se ve transportado a su infancia al probar el plato que lo devuelve a su felicidad.

En mi caso lo podría aplicar a una bodega. Etchart es la bodega salteña que devuelve un importante punto de felicidad a mi vida, porque solo al ver el logo me lleva a mi papá tomando el Torrontés en las noches de verano mientras cocinaba sus bifes a la criolla.

Claro está que yo soy una rata apestosa que hace trampa hasta con sus amores (Dios es cualquier cosa menos conformista, eso se lo dejo al Diablo) y si bien el Torrontés de la bodega es un vino que uso para cocinar y tomar (media botella al fondo de cocción, media botella a la pasión) el maravilloso Arnaldo B Gran Reserva es mi estúpida debilidad.

Carnoso, jugoso, complejo pero fresco y si bien no es el clásico morronudo norteño, tiene a Salta la linda en carne viva. Es el majestuoso caminar de un caballo de paso sobre las arenas de Cafayate entre cardones y viñedos.

Se entregó con 12 años sobre su corcho y si bien la bodega le da una guarda de entre 7 a 10 años, este tinto estaba maduro pero entero, un galán total. Bien especiado, algo de pasas, ciruelas y ese fondo donde se mezcla el café con el chocolate. Solo me faltaban los tamales, las humitas y el dulce de Cayote con quesillo. Gran añada.

Salta en una botella elegantemente concebida para dejarse seducir o seducirte, según la necesidad del momento elegido para ser descorchada.

Un gran vino que, con mucha trampa y empeño, me recuerda a las copas de vidrio grueso al estilo bodegón llenas y transpiradas compartiendo panes mojados en la salsa de la Essen.

Recuerdos complejos y felices. Esa es una de las maravillosas facetas del vino Argentino, que no solo nace en Mendoza. A jugar al conquistador y póngase a descorchar.

Amante del vino y los placeres de la vida.
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