Un tipo normal

Un tipo normal, como vos, como yo, como muchos. Que tiene su familia, su trabajo y sus amigos. Ese tipo normal impulsado por la fuerza de una pasión que lo movilice y lo eleve, puede convertirse en una especie de súper héroe y dejar su huella haciendo cosas extraordinarias.

Francisco Rivero Segura es un tipo normal. De Mataderos, del palo de Sistemas, transitando los cuarenta, casado con Julieta, el amor de su vida desde los 17 años, con una hija médica pediatra y un hijo finalizando el secundario que sueña con ser diplomático. Y también tiene una pasión: el vino.

Cuando habla de vino, su mirada se enciende y su figura se agiganta. En ese momento Francisco Rivero Segura deja de ser ese tipo normal y se convierte en FSaurio. El vino es la fuerza que recorre sus venas y lo impulsa a, por ejemplo, escribir «Logia del Petit Verdot», uno de los blogs especializados más respetados por el mundo del vino, y convertirse en «la mente siniestra» detrás del Desafío Federal.

Francisco Rivero Segura y familia.
Francisco y su familia.

Aprovechando la previa de la novena edición del Desafío Federal, me encontré con Francisco para hablar, cuándo no, del vino.

¿Por qué fsaurio?

En el colegio era el grandote y me decían Frankie Saurio. Desde entonces, cuando creaba un usuario en alguna red y hasta mis primeras cuentas de mails eran FSaurio. Incluso hoy, cuando voy a algunos eventos en Mendoza me anotan como Francisco Saurio como si ese fuera mi apellido.

¿Vivís del vino?

Absolutamente no. Si bien en las dos últimas ediciones y gracias al apoyo de algunos sponsors el Desafío Federal generó algún ingreso, es nada comparado con lo que gasto comprando vinos, viajando, pagando el hosting del blog, etc. El blog, por ejemplo, no tiene nada de publicidad. Tengo el Google Adsense y en sus 9 años no recaudé ni lo mínimo necesario como para cobrar algo.

¿Y entonces por qué hacés todo lo que hacés con el vino?

Porque me gusta. Creo que es algo que viene desde muy chico, cuando jugaba con mis juegos de química como si fuera un alquimista. En aquel entonces, uno de mis personajes favoritos era Panoramix, el druida de Asterix que hacía las pociones mágicas. Y para mí los enólogos son eso: alquimistas transformando las uvas en pociones mágicas llamadas vino.

¿Cuándo tomaste tu primer vino y con quién?

Hasta los 16 años no había probado alcohol, no me interesaba en absoluto. Un día, un amigo de mi viejo me sirvió una copa de Montchenot blanco… y me gustó. A partir de ahí empecé a prestarle un poco de atención, pero tuvieron que pasar varios años más hasta que me interesara tanto al punto de comprar mis propios vinos.

A tu viejo sí le gustaba el vino…

Si, a mi viejo le gustó el vino de toda la vida. Yo era chico y veía que de pronto la casa se llenaba de cajas de vinos que compraba con sus amigos tal como hacemos hoy nosotros. Para mi casamiento (a los 20 años), él se encargó de los vinos y había cosas increíbles que en ese entonces yo no sabía apreciar. Con Juli nos guardamos como recuerdo una botella de Lanson, un champagne francés que después me enteré que era un champagne tremendo! Lo tomamos para nuestro quinto aniversario y estaba increíble.

¿Cómo pasaste de tomar vino a apasionarte por el vino?

Diría que fue a los 23 años. En un casamiento, un amigo que algo sabía me dio a probar algunas cosas que estaban muy buenas, entre ellas un Lagarde Crianza, lo que hoy sería el Lagarde Guarda Blend. Ahí me sentí como en esa escena de Ratatouille en la que Remy le explica a Emile que si come dos cosas por separado, no es lo mismo que comer las dos juntas.

Después de eso me suscribí a El Club del Buen Beber, donde conocí a la Checa. Con ella y otros más nos quedábamos post degustaciones tomando vinos. Luego armé con mis amigos de toda la vida un grupo de comidas y vinos y empezamos a jugar con degustaciones a ciegas o por cepa, etc.

¿Cómo nace La Logia del Petit Verdot?

Mi viejo era miembro de La Logia del Guiso, que era un grupo de gente muy especial entre los que estaban la Checa, Fanny Polimeni y varios más. Ellos se reunían una vez por mes y el anfitrión tenía que cocinar un guiso. Así que a las reuniones con mis amigos quisimos ponerle «La Logia de…» algo, copiándole la idea a mi viejo. En una feria apareció un vino que se llamaba Finca Los Angacos Petit Verdot y nos llamó la atención eso de Petit Verdot, que en ese entonces no teníamos ni idea qué era, pero que sonaba mucho más lindo que la Logia del Malbec o del Cabernet.

¿Cómo fue que empezaste a escribir sobre vinos?

De a poco mis amigos fueron emigrando y yo les mandaba mails recomendándoles vinos para que compren cuando venían de visita. Un día uno me dijo que por qué en vez de esos mails no hacía un blog, ya que era más fácil para él compartirlo. Así nació el blog de La Logia del Petit Verdot.

Al principio me leían sólo ellos, hasta que se me ocurrió compartir una de las reseñas en Twitter. De pronto empecé a conocer todo un mundo de gente que hablaba sobre vinos, entre las que estaba una chica que hacía copas grabadas. Con ella hicimos un sorteo que lo ganó Lionel (@laguerrillafood), quien me invitó a cenar a su casa con la excusa de llevarle el premio. Esa noche conocí a Lionel, a Matías (@TheGordite) y a Flor Fiorenza, con quien más adelante organicé el primer Desafío Federal.

¿Cómo nace ese primer Desafío Federal?
Francisco Rivero Segura y el primer Desafío Federal.

En Mendoza se hacía un evento que reunía a los enólogos en una bodega para catar a ciegas varios vinos de una misma cepa. Así pasó el Desafío Bonarda, el de Pinot Noir y el de Malbec. Entonces con Flor dijimos «¿por qué no hacemos lo mismo en Buenos Aires pero con consumidores?».

El primero que me dijo «organizalo que te mando los vinos» fue Ale Vigil. Después se sumó Nico Aleman, que en ese entonces era Gerente de Marketing de Zuccardi. Empezamos a pedir y no podíamos creer lo que conseguíamos. Decíamos «nos falta uno de San Juan» y aparecía Vigil para decirnos «pedile a Daniel Pi que tiene uno buenísimo del Pedernal». Hablábamos con Daniel y nos decía «Bueno, pero te mando también Fond de Cave». Así fuimos consiguiendo los 33 vinos que estuvieron en esa primera edición.

Alquilamos el restaurante TreintaSillas y como dudábamos si lo podríamos llenar, se nos ocurrió anunciarlo en Twitter. A la media hora no sólo lo habíamos llenado, sino que teníamos lista de espera y ni siquiera llegamos a avisarles a nuestros amigos!

¿Pero vos ya los conocías a Vigil, a Daniel Pi…?

Sólo de Twitter. Había un perfil de un pibe simpático que se llamaba Alex El León con el que hablábamos de comida, fútbol, etc. Un día charlando me cuenta que estaba haciendo un corte con unas treinta muestras. Entonces le pregunto: «¿y qué vino estás haciendo?». La respuesta me dejó helado: «Catena Zapata Estiba Reservada». Medio incrédulo le dije «OK, cuando lo tengas listo hacemos unas mollejas». Y así supe que Alex El León era Alejandro Vigil. Hablaba con todos y no sólo de vinos. Era muy activo en Twitter.

¿Qué aprendizajes te dejó ese primer Desafío Federal?

Aprendimos un montón de cosas. Probar los vinos antes para chequear que todos estén bien, el timming de la comida, que el servicio no podía quedar en manos de los mozos porque llenaban las copas y se enojaban si descartabas el vino, desestimar el sistema de puntajes porque muchos no estaban habituados a usarlo, etc. Las repercusiones fueron espectaculares. De todos lados nos pedían que organicemos otro. Ahí Florencia se fue a vivir al Sur y quedé solo para el segundo. Y acá estamos.

¿Qué lugar ocupa el Desafío Federal en el mundo del vino?

Hace poco alguien me dijo: «¿Vos te das cuenta que es la cata a ciegas más grande del país?» y me asusté. La verdad es que me sorprende hasta dónde llegamos con esto. Me encanta ver cómo la gente viene, prueba y cómo siguen apareciendo vinos que los sorprenden. Y me sorprende también el interés de las bodegas, que me escuchen cuando les pido un vino o se lamenten cuando algún año se quedan afuera.

Me sigue sorprendiendo que haya gente que va a comprar a la vinoteca con el listado de ganadores. Como también que vengan vinotequeros a ver cuál es la preferencia de los consumidores para después armar sus compras. El Desafío también sirve para eso.

Remy, la mascota del Desafío Federal - Francisco Rivero Segura.
Remy, siempre presente.
¿Cuál es la clave del éxito del Desafío Federal?

Es fundamental el lugar para que la gente esté cómoda probando vinos. Y voy a decir algo que no le gusta a los más puristas: probar vino con comida. Porque eso de probar vinos con galletitas es un embole. El vino no fue hecho para acompañar galletitas. Si realmente queremos disfrutarlo, hay que darle sustancia.

Lo que yo busco es que la gente descubra qué vino le gusta, no si tal es mejor o peor que el otro. Y que lo hagan a ciegas para que descubrir que ese vino al que normalmente no le dan bola hoy les encantó, o que ese otro que compran seguido no les gustó tanto.

También me parece genial que, dentro de una misma banda de precios, tenga las mismas chances un vino de un pequeño productor que otro de una bodega grande que tiene toda una política de marketing atrás.

¿Cómo te lo imaginás a futuro?

Me encanta así como está. probablemente crezca, pero sin perder su esencia. No me imagino, por ejemplo, aceptando sponsoreos que me impongan cosas. Elijo mantener mi libertad para hacer lo que se me da la gana y agradezco a quienes hoy me acompañan como Altasur (DIAM) porque están presentes sin meterse en la organización. He tenido ofertas de cerrar el Desafío como experiencia para clientes de una tarjeta o bodegas que quieren que les organice el Desafío para ellos, pero eso no es lo que quiero.

Por otra parte, hay cosas de la organización que me gustaría que fueran distintas, como por ejemplo la logística. Veo cómo tratan a los vinos y me indigna. Por eso me gustaría tener una logística diferente, en la que pueda confiar. Eso es determinante para que pueda crecer.

¿Qué cambiarías sobre la comunicación del vino?

Hoy, la comunicación del vino explotó y cualquiera «comunica». Bien o mal pero comunica. Tal vez algo para cambiar es la forma en que lo hacen las bodegas, ya que la mayoría no comunican o lo hacen bajo un formato que no es atractivo para el consumidor.

¿Qué te dio el vino que te gustaría agradecerle?

Amigos. Antes de llegar al mundo del vino, me movía en un círculo muy cerrado con mi familia y mis amigos de toda la vida. El vino me abrió la cabeza, aprendí a ser más receptivo y conocí a muchísima gente. También me dio la posibilidad de viajar y conocer lugares increíbles. Pero sobre todo diría que lo mejor son los amigos que fui conociendo con el tiempo.

¿Alguna persona que te genere admiración y/o respeto en el mundo del vino?

Muchos me generan admiración, pero hay un par que todavía no puedo descolgar su póster de la pared. Con Pepe Galante y el Flaco (Jorge) Riccitelli me pasa que cuando los trato, pienso en todo lo que hicieron, cuándo lo hicieron y en qué condiciones y sigo poniéndolos en un pedestal. También me pasa con Roberto de la Mota. Puedo quedarme horas y horas escuchándolo. Es increíble lo que aprendés. Te cuenta lo que leíste en los libros pero desde su vivencia. No me pasa con la generación más joven, que por ahí son más encumbrados, pero como los veo más cercanos generacionalmente los puedo tratar de otra manera.

¿Algún sueño por cumplir vinculado al vino?

Recorrer afuera. Si bien estuve en Francia y Estados Unidos, ninguno de esos viajes fue exclusivamente de vinos. Fueron más bien familiares y me gustaría mucho hacer un recorrido de vinos.

¿Qué le dirías a alguien que se está acercando al vino?

Que nadie le puede decir qué es lo que tiene que tomar. Ni los críticos, ni los vinotequeros, ni los comunicadores, ni nadie. Él solo va a ir descubriendo lo que le gusta y la forma de llegar a eso es probando mucho, tratando de buscar cosas distintas, que no se cierre a un vino, una bodega, una cepa o un estilo. Y siempre que pueda, que lo haga a ciegas.

La charla Podría haberse extendido varias horas más, pero un nuevo Desafío estaba por comenzar y aún quedaba mucho por hacer. El tipo normal se alejó de la mesa para continuar con su misión: la de seguir acercándonos el vino. Salú, Francisco. Larga vida a FSaurio.

Enófilo amateur y apasionado. Quise hacer un blog de vinos y me salió esto.
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2 pensamientos en “Un tipo normal

  1. Dos grandes tipos, Francisco y FSaurio, conocí primero a FSaurio gracias al vino, y hoy puedo decir que tengo buen vínculo con ambos.
    Humildes, buena gente, siempre dispuestos a ayudar.
    Otra gran nota Ale!!
    Salú!
    DP.

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