tintos de sed

8 nuevos tintos de sed para disfrutar en verano

No sólo de blancos, rosados y burbujas vive el verano. Las nochecitas al aire libre son una tentación para disfrutar de los tintos de sed.


A mediados de los años ochenta, existía una publicidad de una reconocida gaseosa en la que un cowboy marchaba al rayo del sol por el desierto y de repente llegaba a una cantina. Al acercarse a la barra, pedía una bolsa de papas fritas bien secas, se las comía de a puñados y luego «mataba su sed» bebiéndose de un sorbo una botella de esa refrescante gaseosa. De sólo verla comenzabas a salivar. No encuentro en mi mente una mejor imagen para graficar lo que son los tintos de sed.

¿De qué hablamos cuando hablamos de tintos de sed?

Son vinos jóvenes, amables, livianos y de alta chupabilidad. En la mayoría de los casos la elaboración contempló una cosecha temprana, extracciones suaves, maceración carbónica, fermentación en piletas, tanques o huevos de cemento y una crianza de pocos meses en los mismos recipientes o, a lo sumo, en barricas de varios usos.

Al descorcharlos (de hecho, muchos vienen con tapa a rosca), nos encontramos con vinos en los que predomina la fruta. Son aromáticos, fluidos y jugosos, delgados y con finas texturas en contraposición de esos tintos «gorditos» y maderosos. La estrella es la fruta y una marcada acidez. Son ideales para tomarlos refrescados, muchos de ellos a temperatura de un blanco, y su alta chupabilidad los convierte en compañeros ideales de la picadita, el choripan y los platos livianos típicos del verano.

Los frutados

Dentro de los tintos de sed, tenemos algunas opciones en los que la fruta es la estrella:

Mairena Bonarda Desafío 2018 ($ 500)

En los pequeños proyectos solemos encontrar joyitas como ésta. Con enología del tano Giuseppe Franceschini, la bodega Familia Blanco elabora esta bonarda con uvas de Ugarteche, Lujan de Cuyo, al límite con el Valle de Uco. Las microvinificaciones se realizan en vasijas de cemento y una vez hecho vino se embotella directamente sin filtrar.

La fruta negra, rica, intensa, jugosa y refrescante sumado a un final de aceitunas lo convierten en una excelente opción para este verano.

Colonia Las Liebres Malbec Reserve 2018 ($ 550)

Leo Erazo es un buscador incansable de vinos novedosos que reflejen la identidad de cada terroir con el que trabaja. Desde la bodega Altos Las Hormigas viene desarrollando año tras año vinos naturales, orgánicos y con la mínima intervención enológica posible. Los que disfrutamos de la Bonarda de la línea Colonia Las Liebres ahora tenemos un motivo más para alegrarnos: ya está en el mercado el Colonia Las Liebres Malbec Reserve, elaborado 100% con Malbec de los viñedos propios de Luján de Cuyo.

Es un tinto de sed intenso, vibrante, crocante, con la fruta bien presente y una frescura que invita a rellenar la copa una y otra vez. Un vino que entrega mucho más de lo que vale y que acompaña perfecto tanto una ensalada como un rico bife de chorizo.

Traslapiedra Pinot Noir 2019 ($ 700)

Si bien no fue un lanzamiento del 2019, la inclusión de este Pinot Noir entre los tintos de sed de este verano es un reconocimiento al esfuerzo de Traslapiedra por superarse y mejorar de un año a otro. Porque cuando probé la añada 2018 de este vino, sinceramente no me gustó. Este año, ya con nueva cosecha, volví a darle una oportunidad y realmente me sorprendió.

Es otro vino. En éste tenemos una nariz limpia, de frutillas frescas, y un paso por boca prolijo y sumamente agradable. Un muy rico Pinot Noir de Altamira que vale la pena probar.

Con textura

Si bien los taninos no se llevan bien con los vinos refrescados, los siguientes tienen una delicada textura que arrolla la sed:

Finca Suarez Tinto 2018 ($ 550)

Altamira al palo. Hace rato que Juanfa Suarez busca mostrar el terroir por sobre la variedad y en este tinto lo logró. Este blend de Malbec, Merlot y Cabernet Sauvignon es una bomba de fruta fluido, lineal, con una fina textura rugosa, algo del verdor propio de la cosecha temprana y una hermosa acidez. Una gran interpretación de Juanfa del lugar que lo vio nacer.

Alfil Tinto ($ 650)

Una de las zonas que viene creciendo todos los años es Barreal, a 1500 msnm en el Valle de Calingasta, provincia de San Juan. En este pequeño lugar rodeado de montañas vive un pequeño productor llamado Andrés Biscaisaque, el Vasco, que en Finca Los Dragones elabora una Bonarda de parral cofermentada con 3% de Torrontés Sanjuanino.

El Vasco es discípulo de Sebas Zuccardi y Pancho Bugallo, y de esa escuela viene el uso de racimos enteros y una extracción suave para lograr un vino intenso, con mucha fruta y delicados taninos que le aportan textura en el final de boca. Uno de los tantos tintos de sed surgidos de una región que tiene mucho para dar.

Calle Contastini 2018 ($ 650)

Juan Pablo Lupiañez es otro pequeño productor de Altamira que desde hace varios años elabora un elegante Malbec llamado Lupa. Este año decidió innovar y nos trajo este hermoso blend 93% Malbec y 7% Petit Verdot sin paso por madera, todo pileta y huevos de concreto, con una porción de racimo entero. Si bien no es el típico tinto de sed que tomarías refrescado, va como piña para estas noches de calor.

La fruta es la que manda, tiene buen cuerpo, textura de tiza y un delicado final entre refrescante y mentolado típico de los Malbec de Altamira que lo vuelve peligrosamente bebible.

Maceración carbónica

La maceración carbónica es una compleja técnica de elaboración que requiere un especial cuidado de la uva desde el momento que se cosecha, ya que se realiza con el racimo entero sin prensar. Los vinos que se obtienen a partir de este proceso tienen todo lo que pide un tinto de sed. Son una explosión de fruta, son muy bebibles y están pensados para ser consumidos en el año (al estilo Beaujolais noveau):

Vinyes Ocults Malbec Cot 2019 ($ 600)

Tomás Stahringer es un joven enólogo de gran proyección que desde su proyecto personal Vinyes Ocults le da rienda suelta a su creatividad. Así fue como surgió este Malbec-Cot elaborado minuciosamente mediante maceración carbónica. Cot es la hermana gemela del malbec pero un poco más rústica. En este caso, la uva proviene de La Consulta, se cosecha manualmente y luego se la transporta en pequeños bins de plástico para evitar que se rompan los granos. Los racimos enteros realizan un complejo proceso de fermentación intracelular (maceración carbónica) y luego continúa con una fermentación tradicional, todo en tanques de acero inoxidable.

El resultado es un vino jugoso, tenso y moderno, con notas de ciruela y ausencia de taninos, lo que lo vuelve muy fácil de tomar. Lo metés un rato en la heladera y lo maridás con unas pizzas a la parrilla. Sublime.

El Porvenir Pequeñas Fermentaciones Bonarda ($ 750)

Desde que Lucía Romero asumió la Dirección Ejecutiva, El Porvenir de Cafayate se ha transformado en la bodega líder en innovación del Noroeste Argentino. Hace un par de años atrás, el inquieto y Paco Puga sorprendió a propios y extraños con los Parcela y ahora vuelve a hacer de las suyas con Pequeñas Fermentaciones. En esta línea presentaron dos vinos novedosos: un Naranjo de Torrontés y Moscatel Rosado y esta Bonarda que hoy te recomiendo.

Cosechado temprano y elaborado con maceración carbónica en tanques de acero inoxidable, es un vino joven, moderno y frutado, con mucha frescura y alta chupabilidad.

Ya tenés tu lista de tintos de sed para este verano. Ahora sólo falta que enciendas el fuego y, mientras los choris transpiran al calor de las brasas, elijas cuál de todos vas a descorchar. ¡SALÚ!

Enófilo amateur y apasionado. Quise hacer un blog de vinos y me salió esto.
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