Solo Dios Sabe Pepe Reginato

Sólo Dios Sabe 2017, de Pepe Reginato

Mendoza, 11 de mayo de 2017. La combi del Mr. Wines Tour devoraba kilómetros de ruta mendocina rumbo a un nuevo destino. Habíamos llegado temprano ese mismo día y luego de visitar la bodega de Karim Mussi en Coquimbito y de mantener una charla inolvidable con el maestro Roberto de la Mota en Mendel, nos dirigíamos a la bodega de Pepe Reginato. Mientras tanto, pensaba en que una semana antes nos habíamos mudado con Ana y los chicos (el de ella y los míos) a una nueva casa para intentar por segunda vez ensamblar las familias luego de intentarlo sin éxito dos años antes. ¿Funcionaría esta vez? Sólo Dios Sabe.

Solo Dios Sabe Pepe Reginato

Pepe nos recibió con unas buenas burbujas, nos mostró de punta a punta el proceso de elaboración de espumantes y en plena recorrida pasamos por un tanque que no tenía ninguna indicación de su contenido.

«Pepe… ¿Qué hay en ese tanque?», le pregunté. Pepe sonrió, me miró con esa cara que pone cada vez que le pregunto algo que no debería y con la velocidad mental que tiene para responder siempre algo ingenioso me dijo: «Sólo Dios sabe». Me reí, le dije ¡Dale, contanos! Con un marcador escribió en una hoja «Sólo Dios Sabe» y la pegó en el tanque. «Ahí tenés. Eso es lo que hay ahí adentro», me dijo riéndose.

¡Y era verdad! Ni él lo sabía. La historia cuenta que había alquilado un viejo viñedo poblacional de Perdriel que estaba bastante abandonado y en el convivían de manera lujuriosa varias cepas tintas (Sin dudas Cabernet, ¿tal vez malbec? ¿algo de Syrah?). Pepe y su amigo intentaron rescatar el viejo viñedo, pero de las 10 hectáreas sólo pudieron rescatar 120 quintales. Levantaron la uva, elaboraron el vino y lo mandaron a ese tanque.


Mendoza, 18 de agosto de 2018. Luego del cierre de la Premium Tasting, a la cual habíamos concurrido con algunos amigos, Pepe nos invitó a cenar conejo (su especialidad) a su casa. Al día siguiente pasó a buscarnos bien temprano por el hotel y luego de visitar su finca de Ugarteche seguimos la fiesta con un asado en la casa de su amigo Alfredo, en Perdriel, muy cerca de aquel viejo viñedo. Después de varias burbujas y vinos Chaman, Pepe trajo una muestra embotellada de aquel misterioso tanque: El Sólo Dios Sabe. Estaba hermoso.

Solo Dios Sabe Pepe Reginato

Buenos Aires, 16 de agosto de 2020. El año de la Pandemia. Es domingo. El sol quiebra la racha de varios días fríos y lluviosos y el fuego crepita al costado de la parrilla. ¿La excusa? No es una, sino varias. Celebrar que estamos vivos, que en la semana Mateo cumplió 18 años y que unos días antes había llegado directo de Mendoza la cajita de Sólo Dios Sabe. Dos años después de aquella última vez que nos habíamos cruzado, finalmente estaba en su punto justo para salir al ruedo. Como corresponde en estos casos, lo puse a temperatura bien temprano y un par de horas antes lo trasvasé en el decanter.

Una primera copa alcanzó para confirmar aquella primera impresión: es un vino hermoso. Bastó descorcharlo y me transportó a aquel Mr Wines Tour del 2017 y me vi parado nuevamente frente a aquel tanque sin nombre. Pensé en servirme un poco más, pero me había prometido ser paciente y darle tiempo para que vaya despertándose. Volví a servirme una copa ya promediando el asado, luego de las achuras y cuando las entrañas y las costillas pedían un Señor Vino. Porque el Sólo Dios Sabe es eso: un Señor Vino (Pepe, te dejo otro nombre para cuando vuelvas a encontrar otra joyita como ésta). También podría decir que es un vino de puta madre, pero por favor no lo uses de nombre.

Sólo Dios Sabe es una sinfonía de aromas a fruta negra madura, especias y notas de crianza que van compartiendo el protagonismo tal como el Director de esa orquesta lo pensó. Su entrada en boca es amable, con una acidez que llega justo para equilibrar su robustez. Recorre el paladar con una elegancia de misa dominguera y cierra en un final herbáceo que se prolonga al infinito y más allá. Sólo sabemos que es la cosecha 2017 de un viejo y cansado viñedo de Perdriel que apenas alcanzó para unas poquísimas botellas y que nunca más volverá a repetirse. Y nada más. El resto, Sólo Dios Sabe.

Algunos vinos vienen con magia. Basta con descorcharlos y te transportan a momentos felices, de viajes con sol y montaña, de asados y amigos. Sólo Dios Sabe es eso y mucho más. Fue el vino que nos acompañó en el festejo del cumpleaños de Mateo, porque los amigos son parte de la familia y sus vinos también.

Claro que me hubiera gustado que el festejo fuera diferente, con un asado para él y sus amigos, todos juntos en la terraza de nuestra casa. Pero esta puta pandemia no nos permite abrazarnos con quienes queremos. Al menos el asado estuvo y la familia también. La misma familia que ensamblamos días antes de aquel viaje del 2017 y que creció tanto en estos pocos años. ¿Cómo seguirá esta historia? Sólo Dios Sabe.

Enófilo amateur y apasionado. Quise hacer un blog de vinos y me salió esto.
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