Bodega Lagarde

Conociendo por dentro Bodega Lagarde

Mendoza, amigos y un destino clásico que siempre hay que visitar: Bodega Lagarde.


Dejar atrás la rutina en la que estamos inmersos todo el año para respirar bocanadas de otros aires siempre despeja la mente y recarga las pilas. Y para los que amamos al vino con pasión, viajar a Mendoza después de un año de pandemia, encierro y mil cosas que (nos) pasaron, es esa caricia que nuestra alma necesita.

Con esa idea nos subimos al avión cuatro amigos. Cada uno con su mochila de cosas por purgar, pero con un mismo anhelo: disfrutar de la profundidad de los paisajes, los abrazos de los amigos, las cenas hasta la madrugada y, por supuesto, los vinos compartidos. Al fin y al cabo, si algo nos enseñó esta pandemia es que la felicidad está en los afectos y en prolongar lo más posible esos momentos fugaces que nos llenan el alma.

Lagarde, emblema de Luján de Cuyo

El viaje comenzaba en Luján de Cuyo y para ello tomamos la emblemática Avenida San Martín, una importante arteria que acompaña el recorrido de la Ruta 40 de norte a sur desde Mendoza Capital hasta Ugarteche. Sobre esta arbolada avenida, a la altura de Mayor Drummond, se encuentran históricas bodegas tales como Luigi Bosca y Carmelo Patti. Y un poco más allá, nuestro destino del primer día: Bodega Lagarde.

Lagarde es una bodega familiar fundada en 1897 y adquirida por la familia Pescarmona en 1970. Actualmente es liderada por las hermanas Lucila y Sofía Pescarmona, la tercera generación de la familia, quienes apuntan a lograr un equilibrio entre el estilo de vinos elegantes y refinados que caracteriza a la bodega con una impronta innovadora y creativa que van volcando en las nuevas líneas.

El centenario edificio de la bodega mantiene la fachada original, con sus ladrillos a la vista propios de las construcciones de la época. En su interior nos encontramos con equipamiento de primera línea, con una primera parte de piletas de concreto y tanques de acero inoxidable que se utilizan para la fermentación una sala de barricas y fudres de roble francés y americano que son utilizados para la crianza de los vinos. La capacidad actual de la bodega es de 2 millones de litros anuales.

Una excelente opción para aquellos que están acercándose al vino (y para los que se acercaron hace rato un repasito nunca viene mal…) es realizar una de las visitas guiadas que la bodega tiene programadas durante el día. La gente de Hospitality de la bodega la tiene re clara y te cuenta de manera muy sencilla todo el proceso de elaboración desde que ingresa la uva hasta la crianza y posterior embotellamiento. Muy recomendable.

La degustación

Luego del paseo llegó la hora de… ¡probar los vinos! Que para eso fuimos, no? Lagarde tiene una hermosa sala de degustación con butacas altas y confortables, buenas copas y vista al viñedo y la bodega. En la misma sala está el gift shop, como para no olvidarse de llevar un regalito a casa, con una amplia variedad de productos tales como identificadores de copas (tan necesarios en estos tiempos), sales de malbec, condimentos y hasta cremas a base de vino. Y, por supuesto, todos los vinos de la bodega a precios «de bodega».

Y hablando de vinos, hicimos una degus del carajo y charlamos largo y tendido con Juan Roby, el responsable de todo lo que pasa en los viñedos y la bodega y hacedor de esos vinos que tanto nos gustan. Con Juan hablamos sobre el presente y el futuro de Lagarde y escucharlo es un placer. El tipo sabe mucho y cuando lo conocés, entendés por qué la bodega se ha destacado a lo largo del tiempo fundamentalmente por la consistencia entre líneas sin dejar de lado la innovación.

Proyecto Hermanas es una muestra de esto último, con vinos que apuestan a la frescura y la expresión del terroir. Arrancamos con el Chardonnay 2020 de Gualtallary de la línea, un blanco salvaje y de buena acidez sin resignar peso en boca que es ideal para acompañar pescados y quesos.

Siguiendo con lo nuevo de la bodega, Juan nos mostró un cofermentado de malbec y petit verdot y otro de cabernet sauvignon y cabernet franc que tienen destino a una nueva línea que se llamará Teia. Que los amantes de la frescura y la fruta al frente estén atentos porque son para tenerlos en cuenta.

De la línea de entrada de la bodega probamos el Lagarde Moscato que para mí fue toda una novedad. Un vino serio y pretensioso que podría estar más arriba en el portfolio de la bodega, y que lejos está de aquellos moscatos que acompañan la pizza con fainá de la calle Corrientes, aunque bien podría ser el compañero perfecto para una de masa madre con queso brie, rúcula y pera. Para buscarlo y comprarlo sin dudar.

No podía faltar un Malbec de Luján de Cuyo y el Primeras Viñas 2018 fue todo lo que Lagarde representa en nuestra cepa insignia. Fruta roja, amabilidad, buen cuerpo y estructura. Un gran exponente que se destaca siempre.

¿Qué decir del Henry Gran Guarda? El vino ícono de la bodega es un corte de tintas que varía año a año. Abrimos un 2017 que es la cosecha que está llegando a las góndolas y aún está acomodándose en botella, pero es lógico porque es un vino que está pensado para olvidárselo en la cava varios años. Así y todo, ya se percibe su elegancia y presencia en boca. Sin dudas, de los grandes cortes argentinos.

Una de las joyitas de la bodega es el Henry Pure. Es un varietal que no sale todos los años, sino cuando consideran que tienen en sus manos algo extraordinario. En el 2017 la elección recayó en un Cabernet Sauvignon simplemente inolvidable. Tipicidad a full, equilibrio, ancho en boca, elegancia y un final de esos que se aplauden de pie.

El final a toda burbuja con el Lagarde Millèsime Brut Nature 2017 fue de fiesta. Burbuja fina y persistente y una brioche que le aporta una delicada complejidad. Sin dudas, de los mejores exponentes nacionales.

Fogón, el restaurante de Lagarde

Tanto vino y tanta charla abrió nuestro apetito, así que aprovechamos la reserva que teníamos para almorzar en Fogón, el restaurante de la bodega que lidera el chef Lucas Olcese y que es de los mejores posicionados en TripAdvisor. Y no es para menos: todos los detalles están bien pensados, desde los cubiertos Laguiole hasta la carta con un menú de pasos o el clásico «armá tu propia experiencia».

Como nos habíamos llevado a la mesa lo que quedaba de los vinos de la degustación, opté por un glorioso ojo de bife con papas rosty y verduras asadas que fue el compañero ideal para el Henry Pure, y como cierre, un volcán de dulce de leche con una bochita de crema americana que te lleva al Cielo sin escalas.

Sin lugar a dudas, Lagarde es una bodega que hay que visitar. Aquel que comienza a recorrer el maravilloso mundo del vino encontrará en las visitas guiadas mucha información explicada de una forma muy clara acerca de los detalles de la elaboración de un vino. Y para el conocedor que sigue el trabajo de la bodega, descubrirá en cada ocasión las novedades que se van agregando al portfolio de siempre. Todo eso acompañado por una gastronomía de primer nivel y un sentido único de la hospitalidad que completan la experiencia.

Enófilo amateur y apasionado. Quise hacer un blog de vinos y me salió esto.
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4 pensamientos en “Conociendo por dentro Bodega Lagarde

  1. Tengo un gran recuerdo de mi visita a Lagarde, aunque le faltó ese broche oro que a ustedes no. No almorzamos en Fogón (teníamos reserva en La Cayetana, que también estuvo genial). Muy buena descripción y hermosas las fotos.

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